He visto tu sombra, vestida de gris, arrastrando los pies por la alameda. Pero no como los arrastrabas al descruzar mi puerta, con la cabeza alta, vacilándole al sol, dichosamente cansado, sino mirando al suelo insonriente...Supongo que se metió algo en tu ojo, porque te rascabas justo a tiempo de no verme. No como me veías, antes de yo llegar siquiera, como me adivinabas cuando todavía estaba en tu radar, como cuando la idea del hilo rojo mantenía mi cachito de fe. He llegado a pensar... La vida tiene formas muy bestias de colocarme en mi sitio.