Capaz de dar detalles de mis ingles, turgencias y flaccideces, como yo de su olor, manos y sabores, pero también de mirarme con ojos neutros, como si nunca hubiera sonreído por mi culpa, ni yo por la suya, y de desprestigiar un regalo con una respuesta espontanea a una pregunta sutil, mientras hablamos del tiempo o de cualquier tema impersonal, que es para lo que han quedado nuestros paseos casuales.
Desconocido. Íntimo. Debería ser fácil olvidar a las personas inventadas, aunque se encarnen bonitos. Pero la vida permite vínculos imposibles, y parece que se divierte con eso.