Hoy cumple 80 años mi padre. El abrazo más seguro que nunca tuve.
Es un padre y abuelo mayúsculo, lúcido, capaz de lo que no hacen los de 60 y con un corazón enorme. Soy consciente de mi suerte, y me emociona quererlo tanto.
Nació en un chozo humilde y abarrotado de familia, en la posguerra, cuando ser bueno, inteligente y capaz, no te garantizaba un futuro, pero él consiguió un buen trabajo que le permitió casarse con su novia, mi madre, formar una familia de tres hijos a la que mantuvo más que dignamente para los tiempos que corrían, llevarnos a los tres a la Universidad, y garantizarnos cosas que él no pudo tener. Y con el paso de los años, una casa con jardín donde recibir a sus nietos con los brazos aún más abiertos que los tenía con sus hijos.
Podría llevarme horas hablando de mi padre, de cómo sonríe con los ojos cada vez que me ve llegar, del amor que le sale a chorros por mi madre, sus hijos y sus nietos, y de cómo lo quiere todo el que lo conoce. Las virtudes de mi padre me llenan de orgullo y de cariño por él. Pero este cumpleaños, a pesar de lo redondo del número, no puedo contarlas, porque el brillo de sus ojos, este año, se debe a las lágrimas por mi hermana, cuya falta nos ha roto el corazón a todos.
No puedo imaginar su pena (y la de mi madre) al cumplir años sin su hija, por cuya vida ellos hubieran cumplido de menos los que les pidieran. Por eso hoy vamos a respetar su luto, pero le acompañaremos, le abrazaremos y estaremos a su lado, porque los que estamos, celebramos que él cumpla 80, y todos los que vengan detrás, como lo habría celebrado ella.
Te quiero Papá. Y espero poder abrazarte muchos años más.

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