domingo, 3 de mayo de 2026

BRINDO POR LAS MAGAS.

         
         Hoy celebro, de forma muy consciente, mi maternidad.

         Soy madre de dos hijos adorables, que me quieren y se nota, cuento con su padre, porque ejerce de tal, tengo un sueldo con que mantenerlos dignamente, y vivo en el primer mundo, donde con un poco de suerte, no morirán prematuramente por miseria.

         Celebro no haberme arrepentido ni un segundo de haber elegido libremente maternar, como se dice ahora,  a pesar del tiempo que  hay que dedicarles, de lo que duelen sus dolores, frustraciones, enfermedades, parirlos, amamantarlos y cargarlos. Repito, vivido desde el privilegio: no soy madre en guerra, maltratada, pobre, obligada, ni enferma.

         Igualmente celebro a la madre que me parió, porque cada vez soy más consciente de su valía y de su valor. Tengo la fortuna de contar con ella cuando muchos de mis coetáneos ya son huérfanos, por ley de vida, de no tener que cuidarla aún, a sus casi 81, y de que me haya enseñado a querer y a querer ser.

         La ausencia reciente de mi hermana enlutece este día, pero su ejemplo de amor por la vida y por sus dos hijos, a los que quiso en tan poco tiempo más que muchas en décadas, me obliga a celebrarlo doble, por ella y por mí. Mi abrazo y homenaje a todas las madres que perdieron a sus hijos, el dolor más contra natura que existe, y a los huérfanos de cualquier edad, que hoy  celebran  recuerdos.

         Celebro el día, a pesar de mi pesar, porque la maternidad elegida es lo más cercano  a la magia que he vivido, y su trascendencia, cercana a la eternidad. Brindo por tantas magas, allá donde estén, y en particular, por mi hermana.

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