No vendrá.
No es, no existe.No sabe que en el amuleto de mi muñeca llevo la cuenta atrás, la promesa de la última oportunidad.
No lo sabe porque no es.
Pudo ser el de mi vida, y se quedó en continente de deseo y sentir, usurpando cuerpo ajeno. Ya me pasó antes. Se me esconde en hombres altos, guapos, con cierta pátina de misterio, que no es más que la concha de la ostra. La perla envuelve las mentiras, los vacíos y los miedos de quien no sabe querer. Me.
De vez en cuando aparece. Siempre se va.
Esta vez me lo he creído, porque se disfrazó los ojos...y yo creía en su mirada, pero la verdad estaba en su palabra. Que nunca estuvo.
Elijo pensar que fue otro cobarde de esos que escoge para ponerme a prueba, para ver si me conformo, porque asumir que volví a equivocarme me provoca estrías por dentro. Tampoco era éste.
La cuenta acaba con la luna llena, en un par de horas. Es lo que tienen los cofres tibetanos, que guardan deseos que se cargan con luz de luna. En un rato se quema el deseo, la intención. A la luz de la luna llena. Una forma como cualquier otra de dejar atrás las trampas, los agujeros negros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario