Es un beso mínimo, chiquito, casi inocente, si no viniera de un ser sin alma vista, sin vísceras. Pero capaz de prender los sueños desoñados.
Y vuelve a esperar que mañana la bese con ganas, que la mire a los ojos, y le recuerde por qué merece la pena. Otra vez se romperá poquito a poco, maldiciendo su debilidad, como quien se fuma un cigarro tras días de empeño, jurándose por enésima vez que será el último.
Pero no es fácil abandonar a los amores canallas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario